Y me dijo: ¿sabes cuál es la mejor forma de hacer que venga el autobús? -Ni idea. -Pues sólo tienes que encenderte un pitillo. En el momento que hayas dado la segunda calada, aparecerá por la esquina…
Se fumó el pitillo hasta el filtro, mientras yo lo miraba. Bueno, lo miraba a él y a la esquina alternativamente, por si acaso aparecía el autobús. Acabó dejándolo caer al suelo, y al apagarlo con la suela, le salió del alma: vaya gilipollas, el Murphy.

Esperando el autobús, Pamplona, septiembre 2009








Feliz combustión, septiembre de 2009

