Uno viaja a Jerusalén, y no sabe si va a llegar. Porque, en cualquier momento, los servicios de seguridad nacional -más o menos secretos- pueden interponerse en su camino. Pero yo llegué. Y estuve allí seis días.
Es otro mundo; es Asia. Y por si fuera poco visitar los Santos Lugares, todo lo demás (cultura, clima, costumbres, paisajes) también es impresionante.
Supongo que la mejor manera de expresar las impresiones es la “impresión de la impresión”. Pues ahí os dejo tres impresiones. Carrete a color de Fuji a 400 ASA. Y con la vieja Yashica FX-D, por supuesto.
El Muro que separa a los israelíes de las zonas de administración palestina. Ocho metros de hormigón, “por si las moscas”. Monumento que perpetuará, sin duda, la memoria de Ariel Sharon (aunque, por qué negarlo, ha sido una solución eficaz).

Asentamiento judío en Cisjordania, frente al Campo de los Pastores, en Belén. Aquí dormitaban con sus ovejas cuando un Ángel les anunció la Buena Nueva; enfrente, duermen con un ojo abierto, y el fusil bajo la almohada…

Las casas se apiñan contra el extremo oriental de la muralla de la Ciudad Vieja. Y al fondo, el Monte de los Olivos.



