No respires.
El sol calienta la chapa de los coches que se hacinan en el aparcamiento esperando el regreso de unos dueños que trabajan o toman un café a la vuelta de la esquina mientras los viandantes tratan de alcanzar el otro lado pasando a través de filas y filas de vehículos y limpiando con sus abrigos la suciedad de las carrocerías porque apenas hay sitio para caminar y entre los coches el calor es metálico y sofocante con ese olor a diesel y caucho de neumático que se mete por dentro y hace a la piel sudar y a la lengua parecer un pedazo de estropajo.
Ahora respira.
Me gusta el calor… en la playa.

Aparcamiento, junio 2008
(La fotografía está tomada con teleobjetivo y el iris muy cerrado, aprovechando la luz que rebota en la chapa de los coches).


