Junto a la Catedral de Santa María de la Redonda, a su lado izquierdo, discurre la calle de los Portales. A un lado, el mazacótico muro de piedra del templo, que pierde su austeridad, de pronto, por una extraña interrupción: unas formas de merengue -de churriguera- que abren la hornacina desde la que María saluda al viandante (desgraciadamente, muy pocos viandantes se dignan a responder a tan sublime saludo, pero ese es otro tema).

Pórtico de la Redonda, Logroño, julio de 2008
Al otro lado, en alto, cristales en procesión, entre marcos de madera -roja, verde, blanca, marrón- o de aluminio, jambas y dinteles ora oscuros ora claros, aleros de madera, de yeso o de bruto hormigón. Arquitrabes, columnillas adosadas, frisos, molduras. Con la gracia que luce lo que goza de variedad.

Calle de los Portales, Logroño, julio de 2008




