O de bronce, más bien. Sola, inmóvil día tras día. Jamás pudo sentir el placer de rascarse la nuca. Jamás pudo acuclillarse para descansar los músculos de las piernas. Y desnuda: todos los años soporta con admirable estoicidad la persistente lluvia bilbaína… Fría, hierática, impertérrita. Asida a su lira con una firmeza casi exagerada -parece que quisiera partirla en dos- y dejando a las gotas de agua la labor de arrancarle al metal su melodía.

Dama de Hierro, Museo de Bellas Artes, Bilbao, agosto de 2009


Feliz combustión, septiembre de 2009
San Ignacio en Donosti, San Sebastián, julio de 2009




