Si me parara a pensar en todo lo que quiero hacer, tendría que irme a la cama para descansar durante treinta y siete años. Después, tal vez me pondría manos a la obra.
Como aquella chica que descansaba frente a Los Jerónimos, con el folleto del Museo del Prado sobre su cabeza. Tal vez porque descubrió que se ha hecho más de lo que ella podía soñar. Así que optó por dormir. Porque es más fácil soñar dormido.
Soñando se puede hacer más de lo que se alcanza con los ojos abiertos. Así que ponte palillos en los párpados, que vamos a soñar sin dormir.

Siesta en el Museo del Prado, Madrid, julio de 2009



Vertiginosa pendiente … que te arrastra al sueño.
… y a alcanzar los sueños. Dormiremos abrazados a ellos cuando ya sean nuestros y podamos merecer descansar un poquito