En esta fotografía cuento 51 balcones. Y cada uno tendrá su dueño, su señora mirona, su momento maravilloso, su susto y su desdicha. En uno de ellos veo a dos muchachos fumando sendos cigarrillos. Y una joven que luce la espalda cruzada por las cintas del sujetador, como si se hubiera puesto el escote hacia atrás. Están hablando los tres, seguro. Y también tienen su historia. Quizá -ahora no llego a distinguirlo, y tampoco lo recuerdo- el cartel que pende de su balcón tiene algo que decir: algo sobre el acercamiento de los presos vascos, quién sabe.
Pero, a todo esto, ¡qué bonita persepctiva!

Casco Viejo de Pamplona, agosto de 2009



