Adiós, dijo. Y sin poner comillas a la frase, abrió con chulesca gallardía. Miró a ambos lados, y por qué no me atropella un coche. Bajo las primeras gotas de la tarde, se volvió a lo Alto, que me parta un rayo; y cabizbajo deslizó la mirada por el suelo, esperando un alacrán de oscura suerte. No hay guión en mis oraciones, mis frases caen en salados desiertos. Adiós, dijo, y el portazo sin tilde le dio lo razón con su asentimiento.

Adiós, Estibáliz, verano 2009



Feliz combustión, septiembre de 2009
San Ignacio en Donosti, San Sebastián, julio de 2009





