Primera Serie: Concurso de fotografía de National Geographic
Aquí llega la primera serie de fotografías de Carretes Caducados. Son seis imágenes presentadas a dicho concurso, cuyo resultado conoceremos en unos meses… Para poder verlas a tamaño completo, hagan click en la miniatura correspondiente.
“Anochecer en marcha”
La vieja y simpática Peugeot 806 -con su “ardi latxa” pegada en la luna trasera- corría por la circunvalación de Zaragoza. Fuera, el pesado calor de agosto empezaba a remitir. Abajo las ventanillas. Aún quedaba hora y media de viajecito. De pronto, el sol de poniente nos golpeó por la izquierda. Todo fue un gesto rápido: abrir la cremallera de la funda Tamrac®, presionar el fotómetro, cerrar el diafragma, acelerar el obturador… ¡Click! Anochecer en marcha. Agosto de 2006.

“Noche eléctrica”
Ese mismo día -veraniego día-, ya hacia Huesca, una central eléctrica se recortó contra la luz del ocaso. ¡Ja! La cámara ya estaba fuera, esperando en el asiento desde hacía un ratito… Y pensé: ¿no será que este aparato lleva esperando desde que fue ensamblado? ¿No será que espera años hasta dar con el momento perfecto, el momento de abrir y cerrar su ojo mágico, e inmortalizar lo que cabe en el encuadre? ¡Sí! La Yashica de papá llevaba 20 años (o más) esperando esa estampa. Esa inquietante estampa… y no otra. Agosto de 2006.

“Los ojos de Roncesvalles”
Caminábamos hacia la tumba en la que yacen los “extensos” restos de Sancho el Fuerte de Navarra. Entramos en el claustro, con los folletos trilingües, y la Yashica pendiendo del hombro. No quise retratar lo que ahora ven ustedes, pero la máquina y la película me traicionaron. Yo vi lo que había tras esos arcos negros, pero ustedes ahora no lo ven. Ahí la magia de la imagen mediada. Pero, ¿saben una cosa? Así me gusta más. Julio de 2007.

“Nieve en las cornisas”
La mañana siguiente, quise fardar de “fotógrafo” (¡qué patán!) Y claro, a veces, calzarle a la cámara el teleobjetivo da sensación de profesionalidad. Me asomé al patio interior: ¡cómo nevaba! Y yo con el “tele” puesto. “Sin luz”, pensé. Pues la había: y cacé tres cornisas, superpuestas en fondo, con la nieve adherida en un loco afán de permanencia. Un “click”: esta foto tiene algo. Pero, ¿qué? ¿Alguien me lo puede decir? Febrero de 2007.

“Noche de nieve en la Universidad”
Resultó que estaba sólo en mi habitación: una triple… Para tres. Si no lo hubiera estado, no me habría aventurado a sacar la cámara de paseo (imagínenselo: “Pablo, ¿qué coño haces fotografiando la facultad?”). Pero la noche se prestaba. Poca luz y apertura manual del obturador, varios segundos inmóvil, con los codos clavados en el canto de la ventana. Los “cinco bajo cero” del exterior se dieron una vuelta por mis huesos. Fin de la función: bonita, ¿no? Febrero de 2007.

“Verde y gris”
Me prestaron una Fuji digital de tropecientos mil megapíxeles, durante unos minutos. Sólo tiré cuatro o cinco fotos, y esta me gustó. Verde, gris, fondo y contraste. Pero, de momento, me siguen gustando más las analógicas. Julio de 2007.

Espero que disfruten de estas imágenes, que considero -por lo menos- un tanto “poéticas”: la noche, la nieve, la luz en la oscuridad… Son temas muy plásticos y muy visuales. ¿Qué me dicen de la última? ¿No es admirable la sensación de profundidad que se logra con esos dos colores (“Verde y gris”)? ¿Y no inquieta -aun mínimamente- la “Noche eléctrica”? ¿Y los “Ojos de Roncesvalles”? ¡Vamos! ¡Quiero comentarios…!
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Segunda Serie: Ventanas y Reflejos (o sea, Luz)
Hace no mucho, me decía un lejano conocido que la esencia de las imágenes radica en el color, particularmente en el rojo. Y un tanto enardecido, me acusaba de considerar la luz como elemento sustancial de la imagen, como si de una profunda herejía se tratara. Mi respuesta, de forma breve, en cuatro pinceladas, viene a ser esta serie, con la explicación que sigue:En primer lugar, cabe decir que la esencia de la imagen es la luz en cuanto que ésta permite que “veamos”. Sin luz, no hay imagen, nos guste o no: es conditio sine qua non. Y esa puede ser la fuente de inspiración de las fotografías que componen esta serie. Lo que verán a continuación no son sino pequeños ensayos sobre el comportamiento de la luz. Se filtra por las ranuras como si se tratara de un ser vivo, se refleja en los cristales dando lugar a nuevas realidades visuales, hace de pequeñas gotas de agua puntos brillantes de una belleza sorprendente… Que lo disfruten (¡hagan clic!) y dejen sus comentarios.

“Luz que se filtra“
Colegio Mayor Mendaur, Pamplona.

“Espejo + Ventana“
El Grado, Huesca, verano de 2006.

“Marco que enmarca“
Colegio Mayor Mendaur, Pamplona.

“Gotas de hielo azul“
Colegio Mayor Mendaur, Pamplona.

“Catedral en el escaparate“
Catedral de Burgos, verano de 2007.

“Pitillo al atardecer“
Puente la Reina, Pamplona.
En respuesta a quienes afirman que la esencia de la imagen parte del “color”, diré que el color no existe como tal: es consecuencia de la luz (que recoge todo el espectro de colores). La luz da tono, intensidad, sombra (que se lo pregunten a Caravaggio…) La luz transmite sensaciones y aporta significados; establece relaciones entre objetos, genera reflejos, juega con las formas. En realidad, el arte de la fotografía nace de la luz, de la capacidad técnica que ha desarrollado el hombre para captar la luz y fijarla sobre una superficie. Eso fue lo que hicieron los inventores de la fotografía allá por los finales del siglo XIX: a partir de las sales de plata, lograron fijar una imagen –captura de luz– en una plancha de cristal (eso, y todas las evoluciones posteriores, claro). Y con la luz han trabajado todos los artistas plásticos desde tiempos inmemoriales hasta hoy. Por ejemplo, el gran escultor neoclásico, Antonio Cánova, supo hacer maravillas con la incidencia de la luz en la superficie de materiales variados (mármol, bronce…) Además, considerar el color como elemento esencial de las artes gráficas supondría negar la validez de todos los trabajos de grandes artistas a lo largo de la historia: desde los primeros fotógrafos hasta Robert Capa, y desde los hermanos Lumière hasta John Ford y otros grandes, incluso posteriores.La luz es el instrumento de quien retrata la realidad de forma visual: el fotógrafo trabaja con luz, como el literato con las palabras y el escultor con la piedra… El color no existe sin la luz: nada es visible –y mucho menos retratable– sin la luz.



Ya sabes que me prendé de “Noche eléctrica” en su día… -en aquel viaje hiciste bonitas fotos-.
No había visto “Ojos de Roncesvalles”. Me gusta. Sí, es inquietante pero con un poco menos de luz lo sería más -quizá-. Por otra parte, se ve muy claro el chorro de agua y eso le da alegría a la foto. Ay, las fuentes…
¡¡Que pases güen findeee!!
buenas fotos. Impactos. Francotirador que sabe esperar… It´s ok!